Dr. Daniel
Martínez Aldunate*
El reciente
Informe de Desarrollo Humano 2012, sobre
“Bienestar
subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo” (1), plantea que hoy
Chile está llamado a rediscutir los fines del desarrollo desde la subjetividad y
la intersubjetividad de las personas, es decir, desde la manera en que éstas
piensan, sienten y desde la evaluación que hacen de sus vidas y de la sociedad
en que viven. Este informe refiere que en general, los/as chilenos/as están
satisfechos con sus vidas, pero presentan malestar con la sociedad y con sus
instituciones, lo que es coincidente con la mirada crítica que existe frente al
sistema educacional. Pensar hoy en el bienestar y la felicidad del Chile del
futuro nos lleva a relevar la importancia de la educación y la salud mental en
la formación de las nuevas generaciones.
Diversos
estudios nos hablan de problemas significativos de salud mental en la población
chilena y de un modelo de sociedad de consumo que niega y externaliza las
necesidades emocionales de las personas. El
“II Estudio de carga de
enfermedad y carga atribuible” del MINSAL/PUC del año 2008 (2), nos muestra que las condiciones
neuro psiquiátricas son la principal causa de pérdida de años de vida
saludables en la población chilena (AVISA), siendo responsables del 23, 2% del
total de años saludables perdidos. De acuerdo a la “2a Encuesta Nacional de Salud en Chile” de MINSAL/PUC del 2009-2010
(3), el 17, 2 % de las personas ha presentado síntomas depresivos el último
año, siendo esto más frecuente a menor nivel educacional. Menos de la mitad de
aquéllos que presentan un trastorno prevalente (46,9%), recibieron cualquier
tipo de atención de salud en los últimos seis meses, en tanto que solamente
38,5% recibió algún tipo de atención de salud mental. Los problemas
psicológicos se convirtieron a partir del año 2008 en la primera causa de
incapacidad transitoria entre los beneficiarios del sistema público de salud.
Y en este escenario
país, ¿Cuál es la realidad de los
profesores y la educación?
Los resultados recientemente
publicados del “Estudio sobre salud mental y
condiciones de trabajo de profesores municipalizados” de la Escuela de
Salud Pública de la Universidad de Chile (4), señalan que un tercio de los
docentes que se desempeñan en establecimientos educacionales municipales
declara tener una salud mental deficiente. En este mismo sentido, el año 2009
el 30% de los profesores pidió licencias médicas, de los cuales, el 16% lo hizo
por motivos de salud mental, siendo ésta la segunda razón más frecuente por la
cual los docentes solicitaron dichas licencias.
De
acuerdo a este estudio los establecimientos ubicados en un entorno de mayor
vulnerabilidad social, tendrían un clima de trabajo más estresante y docentes
con mayores problemas de salud mental, perpetuándose el circuito de inequidad
(5). En este escenario, nos preguntamos:
¿La
educación puede promover el bienestar y la felicidad de los alumnos, si muchos
profesores no son felices y tienen problemas de salud mental?
¿Si
los problemas de salud mental son más significativos en los grupos más
vulnerables, no será necesario crear instancias educacionales integrales y de
“excelencia” para esta población y no solo para potenciar “a los mejores”?
¿Los
alumnos y las instituciones con mejores resultados en el SINCE, presentan mejor
salud mental y bienestar? ¿Qué habrá faltado en la formación educacional y
familiar, si muchos de los altos ejecutivos acusados de estafa estudiaron en
los denominados mejores colegios y universidades del país?
Pensar
en el Desarrollo del país hoy, nos lleva a considerar además del crecimiento
económico (PIB), a la salud mental, el bienestar y la felicidad de los jóvenes,
los docentes y paradocentes; aspectos necesarios a relevar y visibilizar desde
las políticas educacionales. La educación no solo debe promover competencias
técnicas para competir en el mercado, sino que además debe aportar junto con la
familia, al desarrollo de valores, emociones positivas, vínculos saludables y
proyectos de vida individuales y colectivos. La educación y la economía, no
pueden olvidar que las personas buscan bienestar y felicidad en sus vidas, por
lo cual, las nuevas propuestas de desarrollo deben considerar si contribuirán a
promover la salud mental de un país que busca una “felicidad colectiva con
sentido”.
*Médico Psiquiatra UAP
Universidad Católica y Director Instituto del Bienestar
BIBLIOGRAFIA
1.
“Informe sobre Desarrollo Humano en Chile. Bienestar
subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo”, Agosto 2012.
2.
“Estudio de carga de enfermedad y carga
atribuible en Chile”. Ministerio de Salud de Chile y Departamento de Salud Pública
de Universidad Católica de Chile, Julio 2008.
3.
“Encuesta
Nacional de Salud ENS Chile 2009-2010”, Ministerio de Salud, Universidad
Católica y Observatorio Social Universidad Alberto Hurtado.
4.
“Estudio sobre salud
mental y condiciones de trabajo de profesores municipalizados”, Proyecto FONIDE
de Escuela de Salud Pública, de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, Dr.
Rubén Alvarado, 2011.
5.“Profesores municipales con precaria salud mental”; Centro de la Investigación y Desarrollo de la Universidad Alberto Hurtado, Cecilia Vidal, Julio 2011.
5.“Profesores municipales con precaria salud mental”; Centro de la Investigación y Desarrollo de la Universidad Alberto Hurtado, Cecilia Vidal, Julio 2011.
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