Jorge Rubio*
Recuerdo como si fuese ayer cuando el entonces técnico del Athletic de Bilbao en el año 2012, Marcelo Bielsa, luego de perder dos finales consecutivas (Europa League y Copa del Rey, ante Atlético de Madrid y Barcelona respectivamente) fue descuartizado por la prensa vasca y española por su afanoso estilo suicida con el que planteó cada partido. Más allá de si a uno le importa o no le interesa una disciplina tan mediática como el fútbol, el mensaje que el “loco” trazó me dejó pensando, y con el correr de los días lo pude interpretar más fehacientemente. Él hablaba de los logros que se obtienen merecida e inmerecidamente, ya sea en el fútbol o en la vida: “si no se premia un proceso que obtuvo menos de lo que consiguió, si no se premia, no debiera causarnos mayor preocupación. Pero cuando se premia un proceso que lo que obtuvo lo hizo de manera inmerecida sí hay mucho riesgo, porque enseña a todos los que observan que un atajo puede llevarnos al objetivo, y normalmente un atajo no nos lleva al objetivo (…) ¿Qué hace el mundo contemporáneo? No importa, vos tenés Mercedes Benz? Cuentas arriba. Pero en mi barrio había prostitutas que también tenían BMW y había levantadores de juego que también tenían BMW, me entiende? También le hablé del tipo que ganó la lotería. Está bien, el tipo no hizo nada malo, pero no merece lo que tiene. Entonces cuando se da el mensaje en un ámbito como el fútbol de semejante repercusión, este debiera ser: valoremos lo merecido y lo que se obtiene con recursos lícitos”.
El loco ese día se explayó e hilvanó muchísimas más frases desde temas tan distintos como el capitalismo, el empresariado, los asalariados, entre otros. Sin embargo no es por eso que quise hablar o interlinear sus aforismos o filosofía. La razón por la cual me impactó e hicieron pensar sus frases y argumentos tan poderosos es porque desde algo tan simple como el fútbol fue capaz de abordar el comportamiento humano, aplicable tanto al espectro universitario como al trabajador normal, o a cualquier aspecto de la vida del hombre. Su mensaje es un poco entre líneas, algunos lo podrán considerar justificación de una derrota, antisistemismo exacerbado, en fin.
Pero Marcelo Bielsa a través del análisis del fracaso momentáneo que habían experimentado hizo una analogía tremenda de lo que es la vida, porque muchas personas obtienen cosas a veces sin merecerlas y el mundo inmediatamente (la gran mayoría) premia el resultado en desmedro del camino al resultado. Y por otro lado, cuando algo se realiza con recursos nobles, y quizás se tarda más o simplemente no lo consigue, a la sociedad no le interesa y morbosamente lo recrimina.
Este es un problema contemporáneo que afecta cada rincón (creo yo) de nuestra idiosincrasia, de nuestra afanosa inquietud exitista que busca por decirlo de alguna manera sentir admiración por el solo hecho de ser admirado, no existe un trasfondo, o una idea, o una cosmovisión más profunda. Para la sociedad solo hay dos lados, los fracasados y los exitosos, excluyendo de allí muchas veces los valores como la nobleza, el coraje, la determinación, la voluntad, la capacidad de crecer.
El mundo de hoy nos evalúa por nuestra eficacia, por nuestras licenciaturas, por nuestros doctorados o magísteres, pero nadie evalúa el coraje y el empuje de ese trabajador que quizás con las mismas o inclusive con más capacidades no tuvo las mismas oportunidades, y por un sueldo burlesco y mediocre debe soportar las injurias y los vaivenes de la incertidumbre de un dedo que se jacta de ser el amo y señor en unos cuantos metros cuadrados.
Somos un número, somos un programa de computador, una plaga instruida, somos especialistas en lo mediático, en la farándula, en lo que Anita Tijoux hace poco denominó como “mongolandia”.
Para terminar, y sé que con lo que planteé no descubrí la pólvora (risas por favor), quisiera agregar que lo que Marcelo Bielsa abordó no es algo menor, quizás hasta sea una gran idea de cómo mejorar la educación y la convivencia en nuestro país, ya que a las personas se las puede conocer mucho más a través del deporte. El deporte es muy formativo (para bien o para mal) y a través de él podemos inculcar valores que trasciendan generaciones. Esto es algo que debemos tener claro quienes educan, quienes pre-tendemos educar y quienes son los satélites que giran en torno mal deporte, y en este caso al fútbol.
*Estudiante de Ped. en Ed. Física

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