Pamela Salinas*
En la actualidad debemos reconocer y aceptar que una de las pocas áreas donde los jóvenes aun escriben con lápiz y papel es en la educación. Apuntes, trabajos en clase o contestar una prueba son de los pocos momentos donde el alumno “2.0” se separa de su computador. La tecnología es un innegable aporte, una gran y útil herramienta pero, ¿cuál es el impacto que esto provoca en la ortografía? Es frecuente que en clases un alumno nos pregunte: “profesor, ¿cómo se escribe…?” Aun más, en otras ocasiones aluden a que no es necesario aprenderse tantas reglas si, al fin y al cabo, el corrector ortográfico de Word lo soluciona todo, confiándose en que ese programa es totalmente seguro y confiable. Es increíble como algunos se asombran cuando se les demuestra que aun cuando han depositado su confianza en ese corrector automático, presentan errores ortográficos en sus trabajos o pruebas, pues ese sistema no detecta un sinfín de palabras frases u oraciones y no está necesariamente actualizado a las nuevas normas e incorporaciones del DRAE. Otros alumnos aluden a que la RAE ha quitado tantas tildes a palabras que tradicionalmente se escribían con ella, que ahora “da lo mismo” como se escriba, pues hay una relativización del lenguaje.
¿Qué hacemos frente a esto? El desafío como docente es demostrar a los alumnos que esta reiteración sobre la relevancia de una buena escritura no obedece a una actitud anticuada, sino que busca rescatar la importancia que tiene para la vida profesional el saber escribir correctamente. Y ciertamente se hace necesario recurrir a estrategias, reforzar contenidos y considerar más horas lectivas para ayudar a los alumnos a evitar que sea el procesador de texto el único que actúe como corrector ortográfico. Un estudiante que coordina mal las frases, que no posee noción de estilo y forma y, asimismo, desconoce las reglas ortográficas, no podrá corregir o emplear bien un término u oración en Word, evidenciando, en un futuro cercano, graves falencias comunicacionales en el desarrollo de su profesión, indistintamente de la carrera que curse, pues “lastimosamente” todavía no existe una máquina que reemplace a la mente humana. El computador reconoce solamente los errores de diccionario y no tiene la capacidad para interpretar lo que queremos comunicar y por ello no puede distinguir gran parte de las fallas que presentan los estudiantes en puntuación o en algunas tildes, las cuales permiten diferenciar una palabra de otra.
Por lo anterior, es necesario fomentar el hábito de la lectura constante en los alumnos. Deben leer y no solo lo que será parte de una evaluación académica, sino leer lo que les guste o llame la atención: leer por leer, por saber, por tener opinión. Estar informados leyendo el periódico es un buen inicio: cada mañana en las estaciones de Metro se reparten miles de diarios gratuitos. Esto ayudará no solo a la ortografía, sino que mejorará la redacción y la producción de textos, la comprensión lectora, la reflexión.
Ciertamente incorporar al aula las herramientas de la Tecnología de la Información y Comunicación (TIC) es beneficioso, pero cuando ellas están al servicio de la educación y no al revés, entendiendo que el procesador de textos no es la solución a los problemas de ortografía, pero sí lo es el leer constante y conscientemente, como parte de la rutina diaria de un estudiante en formación profesional.
*Profesora de Estado en Castellano, USACH, Lic. en Educación, USACH
Magister en Gestión Educacional, USACH
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