Cristina Valdivia*
La princesa de los zapatos de cristal encontró a su príncipe celeste en
medio de la hierba que mata al lugareño con su ruralidad asfixiante...
Princesa de los zapatos de cristal, que viajas en aquella nube con tu
espada de ámbar, luchando con el vendaval que te detiene, que te lanza hasta
las profundidades de la casa del terror; mientras te levantas, mariposa
multicolor, en busca de tu isla invernal. Dejas que la vagabunda de las
piernas de mármol te acompañe, y la acompañas: compañeras. La
vagabunda con su ropa de nacimiento raída por las espinas del camino; tienes
miedo que sus harapos te toquen, que rocen tu vestido blanco de encaje y
tul, que inevitablemente se romperá, princesade los zapatos de cristal; tu
vestido se tiñe, y se tiñe, y no lo puedes evitar... Deja que se tiña, princesa
azul de mi infancia, y dame un beso antes de marcharte a la isla de los
muchachos de cabezas gordas y peludas. Mis piernas de mármol querrán
seguirte a donde estés... y tal vez algún día volver al Medio Oriente
madrileño, mientras que con cuarenta grados en la piel, las baratas voladoras
arremeterán contra estas mujeres de hierro que esperan el atardecer en la
Península.
*Magíster en Literatura, U. de Chile
Licenciada en Literatura, U. de Chile
Profesora de Castellano, PUC
Licenciada en Literatura, U. de Chile
Profesora de Castellano, PUC
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