jueves, 17 de julio de 2014

Hacia una concepción cotidiana de la ciudadanía: del derecho al deber


Elena Romero*


Mucho se escucha en estos días la interpelación al ciudadano ―de a pie (aquellos que circulamos por las calles del país), al joven para que ejerza su derecho a voto, y de hecho hasta ha salido una película titula-da ―Ciudadano Kramer.

Sin embargo, basta con salir a caminar un par de cuadras para darse cuenta que esta ciudadanía -idealizada por los políticos, sobre todo en épocas de cambio de gobierno- está ampliamente fragmentada (por cuestiones políticas, sociales, económicas) e incluso enfrentada (disputas cotidianas en medios de transporte público, por no enfatizar en el ya clásico y diario enfrentamiento entre peatones, ciclistas y automovilistas que discuten constantemente sobre qué espacio urbano corresponde a cada uno (a) de ellos (as)).

En este contexto de competitividad por el espacio público es que emerge la duda, ¿qué entendemos hoy por ciudadanía? En 2002 Sojo indicaba que en Latinoamérica desde la década de 1980 es definida por la constitución como un ―…marco normativo de derechos y deberes de observación obligatoria para el conjunto de individuos abarcados en una comunidad histórico-territorial, denominada nación‖; lo que sin embargo en la práctica:

―Como lo señala Jelin (1993, p.25) alude a ―una práctica conflictiva vinculada al poder, que re-fleja a las luchas acerca de quienes podrán decir qué, al definir cuáles serán los problemas comunes y cómo serán abordados‖.

A ello se suma la influencia que la globalización ha ejercido en el mundo y su fuerte impacto en nuestro país que geográficamente es disperso, con una alta concentración de población en la zona central, lo que aviva los sentimientos regionalistas y anti estatales acentuando las divisiones entre nuestra ciudadanía. Además de lo anterior, el neo-liberalismo en la práctica se ha enraizado fuertemente en nuestro pensamiento, transformándonos en consumidores acostumbrados a valorizar los diversos ámbitos de nuestras vidas con criterios monetarios más que afectivos o simbólicos, convirtiendo al utilitarismo en el eje de nuestras relaciones y del espacio público, lo que evidentemente se ve reflejado en cómo nos relacionamos con los demás. Un claro ejemplo de ello se pro-duce cuando un conductor no respeta un paso de cebra solo por el hecho de ir en un vehículo motorizado, y creer que ello le da el ―derecho‖ de pasar por sobre los demás (a veces, lamentablemente, de forma literal).

En este contexto es relevante recordar los planteamientos de Tomás Moulian en su obra El consumo me consume (1999), en el sentido de que el consumir no en sí mismo malo, sino que el problema se produce cuando este se transforma en el eje de nuestras vidas y de la forma de ejercer nuestros derechos. Y es justa-mente esto lo que parece estar pasando con la ciudadanía en el Chile de hoy. Hace unas semanas iba cruzan-do la calle Portugal con luz verde. Súbitamente aparece una ciclista contra el tránsito insultando a los peatones por no dejarla avanzar. Con un ejemplo tan cotidiano como este queda en evidencia esa exigencia de derechos constante, el individualismo que no da cabida a que nos preocupemos por los demás, así como el escaso interés por querer participar en todo lo que implique el asumir responsabilidades.

Retomando la pregunta planteada unas líneas más arriba: ¿Qué se entiende por ciudadanía hoy?, es importante darse el tiempo de pensar algunas cuestiones previas que ninguna ley podrá responder por el hecho de establecer obligaciones y derechos: ¿Quiénes son los ciudadanos del Chile de hoy? ¿Cuáles son sus verdaderos intereses? ¿Cómo fomentar el ejercicio de sus deberes como parte de la vida? ¿Cómo incentivar la responsabilidad social de la población, haciéndola entender que ello es parte del vivir en comunidad?

Personalmente creo que la mejor forma de responder a estas inquietudes es conociendo a nuestros pares ciudadanos, conversando día a día y practicando con el ejemplo, de forma que se genere un diálogo con conocimiento de causa y con la posibilidad de acercar a quienes no se interesan por estas problemáticas a la valoración de la convivencia social y al ejercicio de los deberes y derechos –en la misma medida- que nos hacen ser parte de una sociedad del siglo XXI.

Bibliografía:
Sojo, C. (2002). ―La noción de ciudadanía en el debate latinoamericano. Revista de la CEPAL, 76, abril, p.p. 25-38.
Moulián, T. (1999). ―El consumo me consume‖. LOM: Santiago de Chile.

*Doctora © en Historia, U. de Chile
Licenciada en Historia, U. de Chile
Profesora Facultad de Educación, Universidad Mayor

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